SKATEboarding
De todas las actividades de la vida, el skate y el arte son dos de mis favoritas, y puede haber o no alguna similitud entre el skate y el arte, no sé, pero lo que sí entiendo es que ambos son profesiones, ambos pueden ser muy agradables y representar una escala en la que se adquieren experiencias estéticas. Aunque, de hecho, el arte se relaciona con lo alto, lo exaltado, lo caro, lo elevado; no todo el mundo tiene acceso a eso. El skate, en cambio, es de la calle, aunque al igual que el arte, es selectivo, ya que se requieren ciertas habilidades y recursos para acceder a cualquiera de ellos. Ambos implican un largo proceso de experimentación, tanto el arte como el skate toman lo que necesitan de la vida y la cultura. Ambos reinterpretan la cultura y la superan, patinan con piruetas y saltos y el arte con declaraciones y obras. Estas dos prácticas corresponden a una parte vital de mi existencia; cuando estoy trabajando en mis proyectos de arte, disfruto el momento de estar en el estudio, ya sea escribiendo un texto o pintando algo, y el momento cuando ando en patineta en la calle, me siento libre, expuesto, vulnerable. Me recuerda muy bien lo que significa para mí estar vivo.
En la práctica del skateboarding, al igual que en la vida, el ensayo y error se entremezclan cada minuto que pasamos sobre la tabla, ensayo, error, fracaso. Prueba, error, éxito. Y así sucesivamente, hasta que se produzca la evolución. Así, se cierra un círculo a nuestro alrededor, con la patineta por supuesto, como eje principal.
Además el skate es una forma de transgredir el espacio público, redefine las cosas. Visto de forma analítica, el monopatín es una forma de vida, una manera muy creativa de reinterpretar el espacio urbano. La presencia del cuerpo en el acto de patinar es seductora, se expone y se vuelve vulnerable. El Skate proporciona al patinador un disfrute emocional y corporal.







